Cuando pienso en mis más de quince años de experiencia en el sector de la gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), hay una realidad que siempre ha estado presente, aunque pocas veces se menciona en voz alta: este ha sido, históricamente, un sector ampliamente masculinizado. Desde los roles directivos que han liderado los sistemas de recolección y gestión, hasta las labores técnicas y operativas asociadas al tratamiento de los residuos, los hombres han sido durante décadas la figura predominante.
Sin embargo, también he sido testigo de una transformación lenta pero evidente. Hoy vemos mujeres contratadas como operarias en plantas de gestión, ocupando cargos administrativos, comerciales y técnicos, e incluso —aunque aún de manera limitada— asumiendo posiciones directivas. Yo misma hago parte de este pequeño grupo de mujeres que hemos llegado a espacios de liderazgo. Y aun así, debo reconocer que persisten barreras invisibles que afectan la participación plena y equitativa.
Estos desafíos no se limitan solo a las mujeres. Cuando una organización opera con sesgos —consciente o inconscientemente— termina afectando a todas las personas, hombres y mujeres, porque reduce la posibilidad de que el mérito, la experiencia y la capacidad sean los criterios centrales para la toma de decisiones. La equidad no busca privilegiar a un género sobre otro, sino garantizar igualdad de condiciones para que cada profesional pueda demostrar su valor, desarrollarse y liderar sin etiquetas ni expectativas predeterminadas.
A pesar de los avances, hay situaciones que siguen repitiéndose: opiniones que se reciben con distintos niveles de resistencia según quién las exprese; expectativas predeterminadas sobre la forma de liderar; dudas sobre nuestra capacidad para manejar presión o tomar decisiones de alto impacto; y, por otro lado, hombres que también sienten el peso de estereotipos que los obligan a asumir roles o cargas que no siempre quieren o no siempre les corresponden. Los sesgos afectan a todos.
No se trata de dividir, ni de hablar de feminismo o machismo. Se trata de reflexionar sobre cómo innovar en la forma en que están diseñadas nuestras organizaciones, de reconocer como podemos hacerlo mejor. Necesitamos modelos que promuevan oportunidades igualitarias, decisiones basadas en criterios objetivos y culturas donde el género no sea el prisma que distorsiona el valor de una persona. Porque la equidad —bien entendida— no es una concesión: es un habilitador de eficiencia, diversidad y mejores resultados.
Y quiero decirlo con claridad: no estamos solo listos para tener esta conversación. Estamos listos para transformar de verdad estas estructuras. Ya no es suficiente con reconocer los sesgos; es momento de rediseñar prácticas, cuestionar inercias y construir sistemas que reflejen el sector moderno, técnico y estratégico que somos. Hemos madurado lo suficiente como industria para dar este paso. Estamos preparados.
Hace poco releí Mujeres a través de la historia, de Diana Uribe, un recorrido fascinante por los roles que la sociedad ha asignado a las mujeres a lo largo del tiempo. Más allá del valor histórico, el libro invita a reconocer que muchos de los estereotipos que seguimos enfrentando hoy no nacieron en esta generación; vienen de siglos atrás. Y aunque se han transformado, aún influyen en la forma en que se perciben ciertos liderazgos, decisiones y estilos de trabajo. Reconocerlo no es dividir: es comprender el punto de partida para poder construir algo mejor.
Creo que nuestro sector —el de los RAEE— está en un punto único de evolución. Los avances son reales y celebrables, pero aún queda camino. Y este camino no se recorre señalando culpables, sino construyendo soluciones: estructuras que garanticen igualdad de oportunidades, valoración del mérito y condiciones justas para todas las personas. Ojalá este sea un paso para abrir un diálogo que nos permita seguir construyendo un sector más inclusivo, más competitivo y más humano.
Porque la equidad no es un tema “de mujeres”. Es un tema de justicia, de talento, de innovación y, sobre todo, de futuro.